05 Abr

Durante la dictadura franquista (1939-1975), el crecimiento económico del País Vasco se debió a varias causas que impulsaron su desarrollo industrial, financiero y social. La protección estatal fue crucial para el auge industrial, especialmente en Bizkaia y Gipuzkoa. La política autárquica de los años 40 favoreció industrias clave en sectores como metalurgia, construcción naval, banca y energía, con empresas destacadas como CAF, Babcock-Wilcox, Euskalduna y Orbea. En 1944, se creó Iberduero, fortaleciendo el sector energético. En los años 50, el País Vasco experimentó un crecimiento industrial superior a la media estatal, gracias a su base manufacturera.

El Movimiento Cooperativista de Arrasate/Mondragón, impulsado por José María Arizmendiarrieta, diversificó la economía con empresas como Fagor, Caja Laboral y Eroski. Durante los años 60, la expansión industrial se extendió a nuevas áreas como la margen del Cadagua e Ibaizabal. La llegada de inmigrantes proporcionó mano de obra barata, lo que favoreció el crecimiento productivo y aumentó la renta per cápita. Sin embargo, en los años 70, la crisis del petróleo de 1973, la creciente conflictividad social y sindical, junto con la actividad de ETA, afectaron la estabilidad del modelo económico. Esto marcó el fin del ciclo de crecimiento sostenido y la necesidad de reconversión industrial.

Consecuencias del Crecimiento Económico en el País Vasco

El crecimiento económico del País Vasco durante la dictadura franquista tuvo importantes consecuencias en varios ámbitos. En el sector industrial, la modernización y diversificación de áreas como la metalurgia, la construcción naval, la energía y la manufactura posicionaron al País Vasco como una de las regiones más avanzadas de España. Aunque las empresas vascas mejoraron su competitividad, esto también provocó explotación laboral y reducción salarial, lo que llevó a protestas como la huelga general de 1947. A nivel social, el crecimiento económico atrajo a una gran inmigración interna, duplicando la población en zonas industriales como la margen izquierda del Nervión y la cuenca del Ibaizabal.

Esto causó un rápido crecimiento urbano con problemas de chabolismo y falta de infraestructuras, aunque mejoró el poder adquisitivo, facilitando el acceso a la vivienda y la modernización de los hogares. Políticamente, la expansión económica fortaleció el movimiento obrero, que aumentó sus protestas en los años 60 y 70. Sindicatos como CC.OO. y USO surgieron ante las condiciones laborales precarias. La oposición antifranquista se consolidó con la movilización obrera y la actividad de grupos políticos y nacionalistas vascos como ETA. Finalmente, la crisis de los años 70, impulsada por la subida del precio del petróleo y la creciente conflictividad social, llevó a una reconversión industrial, marcando el fin de la expansión económica y el inicio de una crisis que perduró durante la Transición.

Violencia Política Durante la Transición Española

La violencia política durante la Transición en España fue protagonizada por grupos que apoyaban la democracia y otros que intentaban frenarla mediante la desestabilización y la fuerza. Tras la muerte de Franco en 1975, la incertidumbre política radicalizó a diversos sectores: la extrema derecha franquista, los movimientos independentistas vascos y la extrema izquierda. ETA intensificó su actividad armada entre 1975 y 1982, con 365 asesinatos dirigidos contra militares, policías y políticos, lo que provocó una reacción tanto del Estado como de grupos paramilitares. En respuesta a ETA, surgieron los GAL en 1983, aunque sus raíces estaban en los últimos años del franquismo. Financiados con dinero público, practicaron el terrorismo de Estado mediante asesinatos y secuestros de supuestos miembros de ETA en España y Francia.

La extrema derecha franquista también trató de frenar la democratización con atentados y asesinatos. Grupos como los Guerrilleros de Cristo Rey, la Triple A y el Batallón Vasco Español atacaron a opositores políticos. Algunos militares intentaron golpes de Estado, como la Operación Galaxia en 1978 y el 23-F en 1981. La represión policial de protestas y huelgas, como la de Vitoria en 1976, con cinco muertos y decenas de heridos, aumentó la radicalización de la izquierda y la oposición al franquismo residual. En este contexto de violencia, grupos de extrema izquierda como el FRAP y los GRAPO también realizaron atentados y secuestros con la intención de instaurar una revolución comunista en España.

Impacto de la Violencia Política en la Transición

La violencia política durante la Transición tuvo un impacto profundo en España, dificultando el proceso democrático y generando un clima de miedo e inestabilidad. Se registraron más de 3.200 actos violentos, con cerca de 600 muertos y más de 2.000 heridos. Aunque ETA fue el grupo más mortífero, también hubo víctimas por parte de la extrema derecha, la represión policial y grupos de izquierda radical. Esta violencia fortaleció a sectores conservadores dentro del ejército y la Guardia Civil, que exigían medidas más duras contra ETA. Esta tensión desembocó en el intento de golpe de Estado del 23-F en 1981, liderado por el teniente coronel Tejero. Sin embargo, la intervención del rey Juan Carlos I desactivó el golpe y consolidó la monarquía parlamentaria.

En el ámbito político, la violencia endureció las posturas en el País Vasco, dificultando el diálogo con el gobierno central. A pesar de la aprobación del Estatuto de Gernika en 1979, la tensión continuó, y ETA mantuvo su actividad armada. Los GAL, creados para combatir a ETA de forma clandestina, implicaron el uso de terrorismo de Estado y un abuso de poder que perjudicó la credibilidad del gobierno. Sus actividades, que se prolongaron hasta 1987, llevaron años después a la condena de altos cargos del Estado. A nivel social, la violencia provocó una fuerte polarización. Mientras algunos sectores apoyaban la represión contra ETA, otros denunciaban la falta de garantías democráticas y el uso de torturas por parte de las fuerzas de seguridad. A pesar de estos desafíos, España logró consolidar su democracia con la aprobación de la Constitución de 1978, elecciones libres y la llegada del PSOE al poder en 1982, marcando el final de la Transición y el inicio de una nueva etapa política.

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