02 Abr
La Oposición y la Caída de la Dictadura de Primo de Rivera
Hubo dos fuerzas que contribuyeron directamente a la caída de Primo de Rivera: los intelectuales y el ejército de la Península. Los intelectuales, que no habían aceptado el régimen desde el principio, se vieron atacados por la destitución de Unamuno como rector de la Universidad de Salamanca y con su posterior destierro; con la clausura del Ateneo de Madrid porque se decía que estaba inclinándose hacia el republicanismo y con el proyecto de Reforma Universitaria por la que se otorgaba la facultad de expedir títulos universitarios a centros privados. Las revueltas de los universitarios en el curso 1928-29 acabaron con represiones y con el cierre de la Universidad.
Los militares destinados en la península se encontraron con un Primo de Rivera favorable a los militares de Marruecos y poco proclive a los convencionalismos que protegían la carrera militar de los de la Península. Además, el ataque frontal contra el cerrado cuerpo de artillería fue el que rompió la armonía de la familia militar y precipitó la caída del régimen.
En 1930 los republicanos se habían convertido en el primer referente político de la sociedad española, que comenzó a identificar cada vez más republicanismo con democracia. En los últimos meses de 1929 y a la vista de la utilización por parte de la dictadura de nuevos procedimientos caciquiles para que el régimen se sostuviera, arreciaron las protestas y se precipitaron todos los acontecimientos. El 30 de enero de 1930 Alfonso XIII aceptó la dimisión de Primo de Rivera, encargando al viejo militar Dámaso Berenguer la formación de un nuevo gobierno.
El «Error Berenguer»
El rey pretendía cerrar la última página del régimen y volver a la fase anterior a 1923, es decir, al sistema constitucional inaugurado en 1876. Esta medida hubiera sido prudente y hasta aplaudida de haberse cumplido al menos dos condiciones: en primer lugar, que el sistema de la Restauración no estuviera tan agotado en 1923 como lo estaba la dictadura en 1930, y en segundo lugar, que el rey no hubiera dado su beneplácito al golpe de estado de septiembre de 1923. Ese fue «el error Berenguer» o tal vez el error borbónico: el querer actuar como si no hubiera pasado nada desde el golpe de estado de Primo de Rivera.
El Pacto de San Sebastián y la Insurrección Republicana
Los partidos republicanos se reunieron en agosto de 1930 y firmaron el Pacto de San Sebastián, por el que se comprometían a llevar a cabo una insurrección que instaurara la República en España. Crearon un comité revolucionario, que era, en realidad, un Gobierno provisional clandestino presidido por Alcalá Zamora. En octubre se unieron al pacto el PSOE y la UGT que promovieron una huelga general de apoyo a las fuerzas republicanas. A estas fuerzas políticas y sociales se unieron los intelectuales de la Agrupación al Servicio de la República liderados por Ortega y Gasset y Gregorio Marañón.
La actitud de algunos sectores del ejército supuso un respaldo a la causa republicana. Los capitanes Fermín Galán y García Hernández protagonizaron una sublevación en Jaca que se adelantó a la insurrección programada por los firmantes del pacto. El levantamiento fracasó y sus dos dirigentes fueron fusilados, proporcionando a la causa republicana dos mártires cuyos retratos fueron difundidos por la imaginería de la época.
Crisis Económica y Desplome del Régimen
En el otoño se desencadenó el desplome financiero internacional a raíz del crack de Wall Street. La ruina de muchas empresas y el hundimiento de la peseta produjo una oleada de huelgas.
El «Error Aznar» y las Elecciones Municipales de 1931
Berenguer comprendió rápidamente la magnitud del fenómeno contra el que no servían de nada las actuaciones represivas y presentó su dimisión en febrero de 1931. El rey encargó al almirante Aznar la tarea de formar gobierno. La actitud del nuevo gabinete era aparentemente liquidacionista. Aznar no quiso caer en el error Berenguer, sino en protagonizar el suyo propio: el «error Aznar», dicho así al suponerse que éste se equivocó al convocar las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. Su objetivo era organizar un escalonado proceso electoral a fin de recuperar el tiempo perdido con la dictadura, que culminase en unas Cortes Constituyentes y que a la vez permitiera otorgar el necesitado consenso al régimen monárquico.
El Plebiscito sobre la Monarquía
Los firmantes del Pacto de San Sebastián acudieron formando una coalición electoral. Las elecciones se celebraron en un clima de incertidumbre y limpieza por parte del Gobierno, con una excesiva confianza por parte de las facciones monárquicas. Sin embargo, acabaron convirtiéndose en un plebiscito sobre la monarquía. El sistema electoral caciquil propio de la restauración estaba anquilosado tras ocho años de dictadura, por lo que apenas pudo controlar las áreas rurales; en estas zonas, sin embargo, los resultados fueron favorables a los partidos monárquicos. Por el contrario, en las capitales de provincia, donde los votos expresaban realmente la opinión pública, triunfaron los republicanos.
El Exilio de Alfonso XIII y la Proclamación de la República
Los resultados electorales sorprendieron a todo el mundo, incluso a los líderes republicanos. El propio Rey, a la vista de lo sucedido en las elecciones, partió al exilio dejando un vacío de poder que sólo la república y la democracia de masas podían cubrir. El día 13, tras conocerse los resultados electorales, miles de personas salieron a la calle para manifestarse a favor de la república.
Deja un comentario