31 Mar

El Greco: Figura Clave del Manierismo Español

Autor: El Greco (Doménikos Theotokópoulos)

Cronología: Siglo XVI (Segunda mitad)

Estilo: Pintura manierista española (Renacimiento tardío)

El Martirio de San Mauricio

Esta obra, cuyo título completo es El Martirio de San Mauricio y la legión tebana, fue un encargo del rey Felipe II para el Monasterio de El Escorial, donde se encuentra actualmente. Es una pintura de temática religiosa.

Descripción General

El cuadro representa el momento previo y el martirio mismo de San Mauricio y sus soldados.

Composición

Primer Plano

Encontramos la figura de San Mauricio, quien ocupa un lugar destacado. Está acompañado por sus capitanes, con quienes delibera sobre si deben realizar el sacrificio a los dioses paganos exigido por el emperador Maximiano. Todas las figuras visten armaduras y uniformes militares anacrónicos, correspondientes al siglo XVI, época del pintor.

En el cuadro se vinculan dos ideas: la firmeza en la fe de San Mauricio y la lucha de los ejércitos españoles contemporáneos contra la herejía.

Segundo Plano

Aquí se desarrolla la escena del martirio propiamente dicho. Los legionarios aparecen semidesnudos, esperando su turno para ser ejecutados. Se observa al verdugo de espaldas, sobre una elevación rocosa, y junto a él, nuevamente, a San Mauricio confortando a sus hombres. También se aprecian cuerpos de soldados ya martirizados.

Parte Superior

En la zona celestial, se abre un «rompimiento de Gloria», poblado por ángeles músicos que portan palmas y coronas, símbolos del martirio y la recompensa divina.

Figuras y Estilo

El escenario es un paisaje rocoso y algo abstracto, lo que sugiere que El Greco prioriza la carga espiritual y dramática sobre la precisión topográfica.

Las figuras muestran la influencia de Miguel Ángel en sus cuerpos musculosos, aunque con las proporciones características del Manierismo de El Greco: cabezas y piernas a menudo más cortas en relación con los torsos alargados. La paleta de colores es vibrante y ácida, típica de la escuela veneciana y del propio Manierismo (amarillos, verdes, rojos, azules intensos). La luz juega un papel fundamental; El Greco utiliza focos lumínicos selectivos y contrastados para dirigir la atención del espectador, crear dramatismo y resaltar la espiritualidad de la escena.

El Entierro del Señor de Orgaz

Esta obra maestra se encuentra en la iglesia de Santo Tomé de Toledo y está basada en una leyenda local del siglo XIV.

Leyenda y Contexto

Don Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de la villa de Orgaz, fue un noble conocido por su piedad y sus donaciones a la iglesia, incluyendo una importante suma para la ampliación de Santo Tomé. Según la tradición, como recompensa por su vida caritativa, en el momento de su funeral descendieron del cielo San Esteban y San Agustín para depositar su cuerpo en la sepultura con sus propias manos, ante la asombrada mirada de los asistentes. La pintura posee características distintivas del estilo Manierista.

Estructura Compositiva

La escena está claramente dividida en dos secciones horizontales:

Parte Inferior (Terrenal)

Representa el milagro en sí. San Esteban (izquierda) y San Agustín (derecha), ricamente ataviados, sostienen el cuerpo del señor de Orgaz, vestido con armadura. Alrededor, una galería de retratos de caballeros toledanos contemporáneos a El Greco (incluyendo un posible autorretrato) contempla la escena con solemnidad. Un niño en primer plano (posiblemente el hijo del pintor, Jorge Manuel) señala la escena principal, conectando al espectador con el evento. Esta sección es más sobria, de colores oscuros y predominio de negros y dorados, y las figuras mantienen proporciones relativamente naturalistas.

Parte Superior (Celestial)

Se abre un cielo glorioso que recibe el alma del difunto, representada como un niño desnudo (animula) transportado por un ángel. Esta sección es dinámica, con remolinos de nubes y figuras etéreas y alargadas, características del estilo maduro de El Greco. Aquí podemos ver a Jesucristo en la cúspide, flanqueado por la Virgen María y San Juan Bautista, junto a una multitud de santos y bienaventurados. Las miradas de algunos personajes de la parte inferior y, especialmente, la figura del ángel en posición en escorzo, sirven de nexo entre el mundo terrenal y la Gloria celestial, que se configura vagamente en forma triangular.

Ambas secciones están conectadas visualmente no solo por la temática y las miradas, sino también por elementos verticales como las altas antorchas que portan algunos asistentes.

La Adoración de los Pastores

Pintado en la última etapa de El Greco (hacia 1612-1614), destinado originalmente a su propia tumba en Santo Domingo el Antiguo, es una de sus obras más personales, expresivas y consideradas casi «vanguardistas» para su tiempo.

Características Principales

Presenta un formato vertical alargado al que se adaptan perfectamente unas figuras estilizadas hasta la desproporción. En esta fase final (junto a obras como Laocoonte o la Visión del Apocalipsis), El Greco rompe con muchos convencionalismos del arte clásico y renacentista (canon clásico, armonía, perspectiva tradicional).

Abandona en gran medida la representación naturalista de las formas y los colores, creando un mundo propio, arrebatado y sugestivo. Pone los recursos del Manierismo (alargamiento, líneas serpentinatas, colores irreales, composiciones complejas) al servicio de un fervor místico intenso.

Las figuras se agitan poseídas de una convulsión espiritual; los gestos siguen siendo fundamentales para expresar emociones. Las luces son irreales y dramáticas: el Niño Jesús emana la principal fuente de luz fosforescente del cuadro, pero existen múltiples focos que crean fuertes contrastes de claroscuro.

Los colores son vibrantes, tornasolados y a menudo antinaturales. El Greco utiliza audazmente la técnica de los colores complementarios yuxtapuestos para intensificar su efecto visual (por ejemplo, el rojo de la túnica de la Virgen puede hacer parecer verdosa la camisa amarilla del pastor cercano).

En esta obra, El Greco antepone la luz y el color al dibujo, siendo estos los elementos primordiales para construir la forma y expresar la intensa espiritualidad del tema. La composición se organiza en torno al Niño, cerrándose en la parte terrenal con las figuras de la Virgen, San José y los pastores, y en la celestial con un grupo de ángeles en pleno rompimiento de gloria.

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