30 Mar
La Divina Comedia de Dante Alighieri: Propósito y Tema
Lo que pretende el autor, Dante Alighieri, con esta obra es transformar el alma de los hombres, apartándolos del pecado. Además, busca realizar una representación del universo según una concepción religiosa, pero, sobre todo, poética.
Tema: El tema central de la Divina Comedia es el viaje imaginario que Dante realiza durante siete días por los reinos de ultratumba: Infierno, Purgatorio y Paraíso. Se supone que este viaje tuvo lugar del 8 al 15 de abril del año 1300, comenzando un Viernes Santo. Dante originalmente la llamó Comedia; fue Boccaccio quien añadió el adjetivo «Divina» debido al tema tratado. Se considera una comedia porque culmina con un final feliz (la llegada al Paraíso).
Estructura General y Forma Poética
El poeta sitúa la entrada al Infierno cerca de Jerusalén, en la selva oscura donde se encontró perdido. Este reino tiene la forma de un cono invertido: a medida que se desciende, los círculos se estrechan y el ambiente se vuelve más tenebroso. El Infierno se divide en Alto Infierno y Bajo Infierno.
En la Divina Comedia encontramos versos agrupados en tercetos, un número significativo para Dante. La rima es consonante y encadenada (ABA BCB CDC…). Predominan los versos endecasílabos en toda la obra.
El Infierno: Un Descenso por los Círculos del Pecado
Alto Infierno: Los Pecadores por Incontinencia
Aquí se encuentran los pecadores de la incontinencia. Incluye a aquellos que en vida no hicieron ni bien ni mal (los indiferentes), considerados indignos del Cielo pero no merecedores del Infierno propiamente dicho. Su pena consiste en ser perseguidos y aguijoneados por avispas y tábanos.
Círculo 1: El Limbo
Aquí residen las almas de los niños no bautizados y los justos paganos que vivieron antes de Cristo o sin conocerlo, y que, por tanto, no fueron bautizados. No sufren tormento físico, pero sí la pena de vivir sin la esperanza de ver a Dios.
Círculo 2: La Lujuria
En este círculo están aquellos que se dejaron arrastrar por el apetito desmedido de los placeres carnales, los lujuriosos. Son azotados por un viento incesante.
Círculo 3: La Gula
Las almas aquí están condenadas a sufrir una lluvia helada y pestilente, y a yacer medio sumergidas en horribles fangales, atormentadas por Cerbero.
Círculo 4: La Avaricia y la Prodigalidad
Aquí se encuentran tanto los avaros como los pródigos (derrochadores). Los condenados forman dos filas opuestas y hacen rodar enormes pesos, chocando entre sí y reprochándose mutuamente su pecado.
Círculo 5: La Ira y la Pereza
En la laguna Estigia se encuentran los iracundos, golpeándose en el fango, y sumergidos bajo el agua, los perezosos o acidiosos.
Bajo Infierno: Los Pecadores por Malicia
Aquí se castigan pecados más graves, relacionados con la malicia y la razón pervertida.
Círculo 6: La Herejía
Están aquí los herejes, especialmente los epicúreos que negaban la inmortalidad del alma. Sufren acostados dentro de sepulcros ardientes, cuyas lápidas permanecen levantadas.
Círculo 7: La Violencia
Aquí están los violentos. Este círculo consta de tres giros o recintos:
- Violentos contra el prójimo: Homicidas y tiranos, sumergidos en un río de sangre hirviente (Flegetonte).
- Violentos contra sí mismos: Suicidas (convertidos en árboles) y derrochadores (perseguidos por perras negras).
- Violentos contra Dios, la naturaleza y el arte: Blasfemos, sodomitas y usureros, atormentados en un desierto ardiente bajo una lluvia de fuego.
Círculo 8: El Fraude (Malebolge)
Aquí se castiga a los fraudulentos contra quienes no se tiene obligación especial de confianza. Está dividido en diez fosas o ‘bolgias’ donde sufren diversos tipos de pecadores (rufianes, aduladores, simoníacos, adivinos, barateros, hipócritas, ladrones, malos consejeros, sembradores de discordia y falsificadores).
Círculo 9: La Traición (Cocito)
En el fondo del Infierno, un lago helado llamado Cocito, están los traidores. Este círculo está dividido en cuatro zonas, según el tipo de traición:
- Caína: Traidores a los parientes.
- Antenora: Traidores a la patria o partido.
- Tolomea: Traidores a los huéspedes.
- Judeca: Traidores a los benefactores (aquí se encuentran Lucifer, Judas, Bruto y Casio).
Análisis del Canto I: La Selva Oscura y el Encuentro con Virgilio
Canto I: Dante comienza su relato diciendo: «Nel mezzo del cammin di nostra vita / mi ritrovai per una selva oscura / ché la diritta via era smarrita» («A mitad del camino de nuestra vida, / me encontré en una selva oscura, / porque la recta vía era perdida»). Se encuentra perdido en esta selva, sin saber cómo llegó allí. Dante explica que estaba tan «dormido» espiritualmente que no sabe cómo abandonó el buen camino. Se justifica diciendo que su alma estaba dormida, citando indirectamente a San Agustín: «el sueño del alma es el olvido de Dios». Este capítulo sirve como introducción al viaje.
Considerando que en la época la esperanza de vida rondaba los 70 años, se deduce que Dante tendría unos 35 años cuando se desvió del «buen camino». En la Divina Comedia encontramos constantemente el sentido literal y el sentido figurado (alegórico).
- Sentido literal: «camino», «selva», «recta vía», «vía perdida», «colina» (colle).
- Sentido figurado: «vida», «pecado», «el bien», «el mal», «la salvación».
Estas son metáforas que se transforman en símbolos porque representan conceptos abstractos. Estos símbolos se van concatenando, sustentándose unos a otros.
Dante divisa una colina iluminada por el sol (símbolo de la gracia divina o la salvación) y, cuando intenta ascenderla, se topa con tres fieras: una pantera (lonza: ágil, piel moteada), un león y una loba (lupa).
La selva es descrita como salvaje, áspera, densa y fuerte, un lugar del cual es difícil salir y cuyo recuerdo renueva el pavor en Dante. El poeta utiliza la metáfora para transmitir la angustia y el miedo que siente. A través de estas imágenes, los lectores visualizamos el estado anímico de Dante.
Al intentar subir la colina, se le presenta la pantera (ágil, ligera), que a menudo se interpreta como símbolo de la lujuria o el fraude. Es el primer obstáculo que le impide el paso, representando uno de los pecados que lo asedian. Aunque le teme, intenta seguir, pero la pantera le corta el camino.
A la pantera se suma la aparición de un león, que simboliza la soberbia. Su presencia es imponente; «parecía que hasta el aire se estremecía». Este animal salvaje, con la cabeza erguida, infunde respeto y temor.
Finalmente, aparece una loba, descrita como extremadamente flaca pero cargada de ansias. Este animal simboliza la avaricia o la codicia. Es insaciable, siempre queriendo más; representa un pecado de incontinencia, la incapacidad de contener los deseos. Mientras Dante parece reconocerse en la lujuria y la soberbia, la avaricia se interpreta a menudo como un mal que aflige al mundo en general (especialmente a la Iglesia y la política de su tiempo), más que un pecado personal predominante en él.
La selva representa el estado de pecado. La luz en la colina simboliza a Dios o la esperanza de salvación. Al ver la colina, Dante sintió la esperanza de poder salir del pecado y retomar el camino recto. La entrada al pecado es fácil, pero la salida es ardua y requiere enfrentar desafíos.
Desesperado ante la loba, que lo empuja de vuelta hacia la oscuridad, Dante ve una figura humana, aunque no distingue si es hombre o espíritu («ombra»). La figura permanece en silencio hasta que Dante le ruega piedad. Este responde que ya no es hombre («Non omo, omo già fui») y se presenta: es el poeta Virgilio. Dice ser de cultura romana, haber vivido bajo el emperador Augusto en tiempos de los «dioses falsos y engañosos» (una perspectiva cristiana puesta en boca de Virgilio). Se identifica como poeta, autor de la Eneida, hijo de Anquises, que huyó de Troya. Dante elige a Virgilio como su guía por la profunda admiración que le profesa como maestro de estilo y porque, según la interpretación medieval, Virgilio había profetizado la llegada del Mesías en su Égloga IV. Dante necesita a alguien que le dé fuerza y lo guíe fuera de la selva. El canto termina con Virgilio ofreciéndose como guía a través del Infierno y el Purgatorio: «Entonces él se movió, y yo lo seguí».
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