03 Abr
Arquitectura Romana: Una Fusión de Estilos y Materiales
La arquitectura romana es, sin duda, una de las manifestaciones artísticas más importantes de la civilización romana. Sus principales características son:
- Fusión de sistemas: Combinación de sistemas de arquitrabado y abovedado.
- Materiales innovadores: Uso de piedra, mármol (como revestimiento), ladrillo (opus laeteritium) y, sobre todo, hormigón (opus caementicum, mezcla de arena, agua, puzolana y guijarros). El hormigón destacaba por su resistencia, bajo precio y rapidez de construcción. Su apariencia se disimulaba con mármol en el exterior y pinturas o mosaicos en el interior.
- Revolución constructiva: El uso del hormigón, junto con el arco, la bóveda y la cúpula, revolucionó la construcción, permitiendo cubrir grandes espacios y cuidando tanto el exterior como el interior.
- Decoración rica y variada: Abundancia de elementos arquitectónicos (uso libre de órdenes, multiplicación de arcos y hornacinas), escultóricos (estatuas de bulto redondo y relieves) y pictóricos.
- Escala monumental: Aunque depende del edificio, la escala suele ser monumental. La simetría axial (búsqueda de perspectiva) es un valor frecuente, influenciado por Grecia y Oriente.
- Amplia tipología de edificios: La finalidad de la obra abarca una amplia gama de edificios.
Urbanismo Romano: Centros de Actividad y Organización
Roma fue una civilización urbana. Sus ciudades eran centros de gran actividad administrativa y comercial. Se trazaron sobre un plano geométrico, inspirado en el urbanismo helenístico y experimentado en sus campamentos militares, siguiendo dos vías principales: el cardus (de norte a sur) y el decumanus (de oeste a este). En el centro se situaba el «foro», el corazón de la ciudad, donde se encontraban los edificios más representativos: curia, basílica y templo. El resto de la ciudad se construía con ejes superpuestos conformando un damero, que incluía un sistema de alcantarillado, y las necrópolis se ubicaban en las afueras.
Edificios Religiosos: Templos Romanos
El templo no tuvo tanto protagonismo como en Grecia. Tampoco aquí estaban pensados para acoger a los fieles. El modelo clásico parte del etrusco, situado sobre un basamento con una escalinata frontal para sacrificios y ofrendas. Se rodeaba de columnas adosadas y tenía una cubierta a dos aguas. Destacan los templos de Fortuna Viril y la Maison Carrée en Nimes (Francia). También los hubo circulares de pequeñas dimensiones y perípteros (como el de Vesta en Roma). El Panteón (de Agripa, reconstruido por Adriano) es circular y atípico, con una gran cúpula y una fachada con pórtico a la manera griega.
Edificios Civiles: Las Basílicas
Las basílicas estaban destinadas a la administración de la justicia y al comercio. Su planta es rectangular, compuesta de 3 ó 5 naves separadas por columnas, siendo la central más ancha. En el caso de 5 naves, se levantaban dos alturas en la nave central para permitir la entrada de luz. Esta nave estaba encabezada por una exedra o ábside, donde se ubicaba la presidencia, y en el otro extremo, la fauces o entrada. La cubierta era a dos aguas, con techo interior plano, aunque a veces se utilizaba la bóveda. Más tarde, las basílicas se utilizarían para el culto paleocristiano. Un ejemplo es la basílica de Majencio.
El Retrato Romano: Idealismo y Divinización
Época de Augusto (31 a.C.-14 d.C.)
Durante este periodo, el retrato acusa una fuerte influencia del idealismo griego. El emperador es exaltado en los retratos oficiales, como testimonio de un gobierno perfecto. El idealismo obedece ahora, no sólo a un criterio estético, sino político. Augusto debía aparecer a los ojos de todo el mundo como un gobernante perfecto, joven, vigoroso, poderoso, inteligente, bueno, etc.
Quizá el Augusto de Prima Porta (tipo thoracatus) sea el más representativo de sus retratos; resulta obvia la influencia del Doríforo, con el típico contrapposto. Augusto aparece con vestido de cónsul cum imperium y en gesto de arengar: lleva manto consular y se protege el pecho con una coraza con motivos mitológicos (Marte) y alegorías de los territorios conquistados. También hay retratos de Augusto como Pretor (con el rollo de la ley en la mano, y envuelto en la toga), como Pontifex Maximus (cabeza cubierta con el manto y en actitud oferente), y Heroizado (con la corona de laurel).
Época del Imperio (del año 14 d.C. hasta el siglo V d.C.)
El poder creciente de los emperadores no tardó en derivar a su divinización. Ya en época de Augusto, se representaba a César desnudo y se le daba el calificativo de divino. Al morir Augusto, se constituyeron “cofradías” para honrar su memoria y a su sucesor, Tiberio, le levantaron en vida templos en su honor.
A mediados del siglo I d.C., el emperador Claudio fue divinizado durante su reinado. Resultado de todo esto fue la creación de un tipo nuevo de retrato en el que se representó al emperador desnudo o semidesnudo y coronado con laurel, o bien con atributos divinos como el águila de Júpiter, el padre de todas las divinidades. Junto a estas estatuas apoteósicas del emperador divinizado, encontramos representaciones de éste como la clase patricia romana (retrato togatae, con toga patricia).
En el siglo I, la divinización del emperador no se tradujo en la idealización del rostro, el cual siguió presentando los rasgos específicos de la persona (retratos de Tiberio y Claudio).
Relieves Romanos: Narrativa y Propaganda
Las obras más importantes de este género son:
Relieves del Ara Pacis de Augusto
Obra realizada para conmemorar la pacificación de las provincias de Galia e Hispania llevada a cabo por el emperador Augusto. En los frisos laterales se representa la procesión de la familia imperial y otras personalidades (magistrados, senadores, sacerdotes, etc.), que desfilan silenciosamente, imbuidos de una severa gravedad. La perspectiva permite representar de forma jerarquizada a estos personajes; en un primer plano los principales, en planos inferiores los secundarios. Las figuras, aunque algo idealizadas, están individualizadas, pudiendo distinguirse fácilmente a Augusto, a su esposa Livia y al hijo de ésta, Tiberio, gracias a la veracidad de los retratos. El nuevo gusto por el mármol, las formas del relieve y los detalles de la vestimenta, definen el clasicismo propio de estos primeros tiempos del imperio. Esta obra recuerda los frisos del Partenón realizados por Fidias en el s. V a.C.
Relieves de los Arcos de Triunfo
- Relieves del Arco de Tito (s. I), en Roma: Son la mejor expresión del carácter narrativo y propagandístico de este género escultórico. Representa la entrada de las tropas romanas en la ciudad de Jerusalén (Palestina) portando el candelabro de los siete brazos y otros trofeos de guerra tras el saqueo del templo de Salomón. Técnicamente hay que destacar la utilización de diferentes planos de forma escalonada, creando el efecto de aire interpuesto. Realismo e ilusión espacial son las notas características de esta obra.
- Relieves del Arco de Constantino (s. IV), en Roma: Manifiesta la decadencia de la escultura durante la época bajoimperial en este género. La utilización de relieves extraídos de obras anteriores no puede ocultar la pobreza y el agotamiento estético: monotonía compositiva, personajes yuxtapuestos, acusada isocefalia, pobre modelado y pliegues duros. Estos rasgos son la manifestación de una clara tendencia a la conceptualización que se consolidará en la época bizantina.
Relieves de las Columnas Conmemorativas
- Columna Trajana (s. II), en Roma: Representa la perfecta integración del relieve en una columna. Se trata de un relieve continuo en mármol desarrollado de forma helicoidal, que ensalza las campañas del emperador Trajano contra los dacios (Rumanía), de hecho se le representa en casi 60 ocasiones. Originalmente acogió en su base las cenizas del emperador. La ilusión de espacio queda sacrificada en esta ocasión por el interés narrativo. El horror vacui hace que toda la superficie esté esculpida. La obra constituye todo un reportaje gráfico de la guerra. El tratamiento plástico presenta un inusitado impresionismo, la composición y la representación responde al tipo popular y realista, alejada del idealismo helénico. La obra posee un carácter cinematográfico: representación temporal dentro de la representación espacial. El interior alberga una escalera de caracol que permite acceder a la parte superior (aunque para iluminarla se abrieron unas saeteras que estropearon el diseño de algunos relieves). Desde el s. XVI está coronada por una estatua de San Pedro.
Relieves Funerarios de los Sarcófagos
Desde el s. I se generalizó la inhumación como forma de enterramiento, por lo que los sarcófagos empezaron a utilizarse entre los personajes ilustres. El relieve jugó aquí el mismo papel ornamental y memorístico. Al principio eran simples medallones grabados y después composiciones continuas labradas en la superficie frontal del sarcófago, dividiendo el friso mediante columnas en varios nichos. Son composiciones planas. Se representaban temas míticos relacionados con la vida de ultratumba o escenas asociadas a la vida del difunto. Ejemplo de esta tipología es el Sarcófago Ludovisi, que representa una batalla del s. III d.C.
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