28 Feb
Fascismo: Orígenes y Características
El fascismo, movimiento político fundado por Benito Mussolini en Italia en 1919, se originó con las unidades de combate (fasci di combattimento) y se constituyó como partido en 1921. El término se extiende a cualquier sistema político con tendencias autoritarias, antiparlamentarias, a menudo antisemitas, totalitarias, militaristas, nacionalistas, imperialistas y corporativistas. Estos regímenes frecuentemente emplean una dialéctica social-revolucionaria.
El fascismo exige la subordinación total al Estado y una lealtad incondicional a su líder, basando sus ideas en el conservadurismo extremo. Aunque los regímenes fascistas pueden asemejarse a dictaduras, gobiernos militares o tiranías, el fascismo se distingue por ser un movimiento político y una doctrina sustentados por partidos políticos, incluso al margen del poder.
Nacionalsocialismo: Ideología y Ascenso al Poder
El nacionalsocialismo, una forma extrema de conciencia nacional, se basa en la creencia de características comunes dentro de una comunidad (nacional o supranacional) y el deseo de su plasmación política. Alcanzó su apogeo en Alemania con la creación del Partido Nacionalsocialista Alemán del Trabajo (Nationalsozialistiche Deutsche Arbeiter-Partei, NSDAP o partido nazi) en 1920. Este movimiento culminó con la proclamación del III Reich, el régimen totalitario alemán liderado por Adolf Hitler entre 1933 y 1945.
Relaciones entre Fascismo y Nacionalsocialismo
Los fascismos europeos, aunque estrechamente relacionados en su doctrina, pueden clasificarse según su nivel de autoritarismo: el nazismo como el más extremo y el franquismo como el menos. Sin embargo, comparten raíces ideológicas comunes.
Influencias Intelectuales en las Doctrinas Fascistas
Antes de la Primera Guerra Mundial, figuras como el poeta italiano Gabriele D’Annunzio y los pensadores franceses Georges Sorel, Maurice Barrès, Charles Maurras y el conde Joseph de Gobineau expresaron ideas precursoras del fascismo. Estos autores se oponían a los valores de la Ilustración (individualismo, democracia y racionalismo secular), representando una reacción contra los ideales de la Revolución Francesa. El lema «¡Creer! ¡Obedecer! ¡Combatir!» del libro italiano Fascisti contrasta con los ideales revolucionarios de «libertad, igualdad, fraternidad».
En general, estos pensadores veneraban la fuerza: la voluntad del líder, la vitalidad del Estado, la mística de los uniformes y la violencia para consolidar el poder político. La filosofía de Friedrich Nietzsche, manipulada por muchos fascistas, proporcionó consignas como «el triunfo de la voluntad» y el símbolo del «superhombre».
Algunos fascistas recurrieron al cristianismo como fuerza conservadora, mientras que otros rechazaron su moralidad. Muchos adoptaron ideas del darwinismo social sobre la lucha competitiva entre estados y la supuesta obligación del fuerte de dominar al débil, ideas que a menudo implicaban racismo. El nacionalismo extremo, en algunos casos (Gobineau, Barrès, Maurras), incluía el antisemitismo. Como parte de su antirracionalismo, algunos promovieron un culto místico a la tradición y al Estado.
El Papel de la Mujer en el Fascismo
La «Batalla por los nacimientos» de Mussolini simboliza la visión fascista de la mujer: pilar pasivo del hogar y madre de futuros soldados. El fascista italiano Ferdinando Loffredo afirmó que la mujer debía someterse al hombre (padre o esposo) y reconocer su «inferioridad espiritual, cultural y económica». Los fascistas, asociando el feminismo con el marxismo y la lucha de clases, abogaban por la reconciliación entre sexos y clases, pero en términos masculinos.
Pierre Drieu La Rochelle, escritor francés y apologista de la ocupación nazi, condenó el feminismo como una «doctrina perniciosa», afirmando que las mujeres, carentes de cualidades espirituales masculinas, eran una fuente de decadencia. A pesar de esto, muchas mujeres apoyaron el fascismo, como Alessandra Mussolini, nieta de Mussolini y figura destacada del partido neofascista italiano Alianza Nacional.
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