02 Abr

Guerra de Independencia y Crisis del Antiguo Régimen

El inicio de la crisis del Antiguo Régimen coincidió con el reinado de Carlos IV. A la crisis económica se añadió el estallido de la revolución en Francia en 1789, lo que supuso un cambio de alianzas contra la Francia revolucionaria hasta la paz de Basilea de 1795 y el Tratado de San Ildefonso de 1796, que convirtió a España de nuevo en aliado de Francia, y supuso también un frenazo a la política ilustrada con la llegada al poder de Godoy.

La desamortización en 1798 para hacer frente a la crisis financiera había enemistado a la Iglesia; sin embargo, el déficit de la Hacienda se agravó. Otro motivo de descontento era la subordinación a Napoleón, que llevó a la derrota de Trafalgar en 1805. El Tratado de Fontainebleau (1807) permitió la entrada de tropas francesas para ocupar Portugal. Esta política levantó la oposición de los fernandinos, que prepararon una conspiración contra el rey que fracasó. En el llamado proceso de El Escorial (1807), Fernando pidió perdón. En marzo de 1808, el motín de Aranjuez provocó la destitución de Godoy y la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando.

Las tropas napoleónicas en España eran mal vistas; el ataque a Portugal se percibía como una ocupación de toda la Península. Napoleón convocó a la familia real española a Bayona en abril de 1808. El 2 de mayo, el pueblo de Madrid se alzó contra las tropas francesas. El general Murat lo reprimió duramente con cientos de muertos. Napoleón obligó a Carlos IV y a Fernando VII a renunciar al trono para entregárselo a su hermano José Bonaparte (abdicaciones de Bayona). La insurrección se extendió por España y se formaron juntas para organizar el gobierno y la defensa. Los franceses instauraron el estatuto de Bayona por el que todos los poderes estaban concentrados en el rey, aunque había tres órganos consultivos: el Senado, el Consejo de Estado y las Cortes, e incluía una limitada declaración de derechos y algunas reformas liberales. El rey José I llegó a Madrid e intentó gobernar con el apoyo de ilustrados españoles.

La victoria española en la batalla de Bailén en julio de 1808 obligó a José I a abandonar Madrid y las tropas francesas se retiraron al norte. Napoleón, al mando de un ejército de 150.000 hombres, entró en Madrid y José I regresó. Mientras, un ejército inglés, al mando de Wellington, desembarcó en la Península para ayudar a los portugueses. La victoria francesa en Ocaña en octubre de 1809 permitió a Napoleón ocupar casi toda España, quedando libre solo Cádiz y algunas ciudades sitiadas como Girona y Zaragoza. En 1812, la campaña de Rusia obligó al emperador a retirar tropas de España, lo que fue aprovechado por tropas angloespañolas de Wellington. Tras las batallas de Ciudad Rodrigo y los Arapiles en julio de 1812, José I se dirigió a Valencia. Las derrotas francesas en Vitoria (junio de 1813) y en San Marcial (agosto de 1813) obligaron al ejército francés a cruzar la frontera hispanofrancesa. Napoleón, al borde de la derrota en Europa, firmó con Fernando VII el Tratado de Valençay en diciembre, por el que Fernando VII era repuesto en el trono.

La España ocupada generó una confrontación entre afrancesados y patriotas, y dentro de estos, entre liberales y absolutistas. El proceso revolucionario paralelo a la guerra tuvo tres centros de acción: la guerrilla, que surgió de forma espontánea cuya base social era campesina; las juntas locales dieron lugar a las provinciales y estas a la Junta Central, formada en septiembre de 1808, sustituida por una regencia en 1810 que asumiría la autoridad hasta la llegada de Fernando VII; y las Cortes, en la que la representación era la de la nación, las cuales aprobaron una amplia legislación liberal y la Constitución de Cádiz en 1812.

Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812

La revolución, que se inició al mismo tiempo que la guerra, contemplaba una convocatoria de Cortes, iniciativa de la Junta Central, aunque la llevó a cabo la regencia. Las Cortes se reunieron en Cádiz por estar libre de la ocupación francesa. La elección de los diputados tropezó con grandes dificultades por la ocupación. Entre los diputados existían absolutistas, liberales y jovellanistas que pretendían un régimen intermedio. La posición liberal triunfó. En la composición social de los diputados había miembros de la burguesía, del clero y de la nobleza. Expulsados los franceses, las nuevas Cortes ordinarias se trasladaron a Madrid en enero de 1814.

La obra legislativa de las Cortes fue ingente y representó una ruptura radical con los principios vigentes. El primer decreto de septiembre de 1810 estableció la soberanía nacional. Se proclamó la igualdad ante la ley, lo que suponía el fin de la sociedad estamental; también se estableció la igualdad entre españoles y americanos como respuesta a los primeros movimientos independentistas en las colonias; se aprobó la centralización del Estado acabando con los fueros; se planteó un conjunto de reformas: la libertad de imprenta; la supresión de viejos impuestos, la Inquisición y los señoríos jurisdiccionales; la desamortización de bienes del clero; una reforma de la Hacienda y la libertad de comercio e industria, entre otras muchas medidas. También se declaró la nulidad de las abdicaciones de Bayona y se proclamaba rey de España a Fernando VII.

La Constitución se promulgó en marzo de 1812, conocida como “La Pepa”. Defendía la soberanía nacional, derechos y libertades y la igualdad ante la ley, la división de poderes (poder legislativo correspondía a las Cortes, poder ejecutivo quedaba en manos del rey y el gobierno y poder judicial era independiente), la religión católica como única de España, el sufragio universal masculino indirecto, la creación de la Milicia Nacional, la monarquía constitucional en la que el rey promulgaba leyes y tenía derecho de veto transitorio, y la libertad económica con la supresión de los gremios, abolición de los señoríos, libertad de cercado de tierras para poner fin al predominio de la Mesta, libertad de industria, desamortización de las propiedades de manos muertas, el derecho de propiedad privada, etc. La Constitución apenas pudo aplicarse debido a la guerra. La restauración absolutista de 1814 la abolió, pero su espíritu y su programa fueron una referencia durante el siglo XIX y se convirtió en un modelo para las revoluciones liberales.

Reinado de Fernando VII: Absolutismo y Trienio Liberal

Tras el Tratado de Valençay (diciembre de 1813), Fernando VII regresó a España. Desembarcó en Valencia en abril de 1814 coincidiendo con la publicación del Manifiesto de los Persas, firmado por diputados absolutistas. El decreto de mayo de 1814 restauró el poder absoluto y abolió toda la legislación de las Cortes de Cádiz. Comenzó la represión contra los liberales.

España debía enfrentar una guerra por la independencia en las colonias americanas, la Hacienda en la ruina y las consecuencias por la guerra contra los franceses. Se restauró el viejo sistema fiscal, pero la ruina obligó a adoptar medidas liberales. El ministro Martín de Garay intentó establecer un sistema fiscal moderno, pero fracasó. Se iniciaron una serie de pronunciamientos liberales como los de Espoz y Mina (1814), Porlier (1815), Richart (1816), Lacy (1817) etc., que fracasaron. En enero de 1820 se sublevó en Las Cabezas de San Juan (Sevilla) el teniente coronel Rafael del Riego que se extendió por Andalucía y otras ciudades españolas. En marzo de 1820 Fernando VII tuvo que jurar la Constitución de 1812 comenzando así el trienio liberal.

El gobierno liberal estableció reformas políticas y económicas basadas en las Cortes de Cádiz, pero los liberales se toparon con la situación internacional, ya que predominaban en Europa monarquías absolutas, la actitud de Fernando VII que conspiró para derribar el sistema constitucional y la división de los liberales en moderados (Martínez de la Rosa) y exaltados (Alpuente). Las medidas de los gobiernos moderados iban dirigidas a dinamizar la economía, sanear la Hacienda y eliminar las instituciones del Antiguo Régimen. El intento de golpe de Estado de la Guardia Real de julio de 1822 fomentado por el rey fue frenado. A partir de ese momento se formaron gobiernos exaltados mientras levantamientos absolutistas se desarrollaron en Cataluña, Navarra, Galicia y el Maestrazgo estableciendo la regencia, Seo de Urgel (1823). La Santa Alianza decidió intervenir y Francia envió los Cien Mil Hijos de San Luis en abril de 1823 que ocupó el país. El gobierno y las Cortes marcharon a Cádiz resistiendo hasta septiembre. En octubre de 1823 Fernando VII restauraba su poder absoluto y ordenó ejecutar al general Rafael del Riego.

Se inició una represión política y muchos liberales abandonaron España. Se restablecieron las instituciones anteriores y la labor de los gobiernos se centró en la reforma de la Hacienda. La pérdida de las colonias agravó aún más la crisis y la reforma fiscal de Ballesteros fracasó. Se llevaron a cabo reformas como la creación del Consejo de Ministros, promulgación del código de comercio, creación del Banco de San Fernando, fundación de la Bolsa de Madrid y creación del Ministerio de Fomento. Las reformas extendieron la idea entre los absolutistas de que el rey estaba en manos de los liberales. Los más radicales se organizaron en torno al hermano del rey, Carlos María Isidro. Las insurrecciones absolutistas, como la guerra de los agraviados o *malcontents*, reclamaban la sucesión de Carlos María Isidro.

El rey publicó la Pragmática Sanción que derogaba la Ley Sálica, lo que permitía reinar a las mujeres. En octubre de 1830 nacía Isabel II, lo que radicalizó a los absolutistas. En 1832, tras los sucesos de La Granja, Carlos marchaba a Portugal. Fernando VII falleció en septiembre de 1833 e Isabel II fue proclamada reina dando inicio a la primera guerra carlista.

Independencia de las Colonias Americanas

En cuanto a la independencia de las colonias, una serie de factores dieron lugar al movimiento independentista: el reformismo borbónico que incrementó el control español dejando fuera a los criollos, la progresiva liberalización del comercio, el nacimiento de Estados Unidos, la revolución francesa de 1789 y los intereses del Reino Unido.

En el proceso de independencia hubo dos fases. De 1808 a 1815 coincide con la guerra de independencia en la metrópoli. Se formaron juntas. En 1810, las juntas de Caracas, Buenos Aires y Bogotá, a pesar de las reformas de las Cortes de Cádiz, proclamaron la independencia. Las expediciones españolas a Venezuela y la actuación del virrey del Perú, Abascal, lograron restablecer el poder español. En México los propios criollos hicieron fracasar la revolución campesina de Hidalgo y Morelos. De 1816 a 1824 Simón Bolívar y San Martín, en la Conferencia de Guayaquil, acordaron sus áreas a independizar. San Martín derrotó a los españoles en Chacabuco y Maipú lo que dio lugar a la independencia de Chile (1817) y avanzó hasta Perú. Bolívar venció a los españoles en Carabobo y Ayacucho en 1824 independizando Venezuela, Colombia y Ecuador. México consiguió la independencia en 1821 de la mano de Agustín de Iturbide. La guerra agravó la crisis del país. La independencia supuso la pérdida del imperio americano para España a excepción de Cuba y Puerto Rico, su rico comercio y el prestigio internacional.

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